¿Quiénes educan a los universitarios en América Latina?

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Ocho expertos analizan las transformaciones de la educación superior pública y privada en la región en el libro “Estado de la educación superior en América Latina”, coeditado por el ITESO.

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¿Por qué tanta gente quiere o necesita un título universitario? ¿Quién determina y regula la calidad de una Institución de Educación Superior (IES)? ¿Qué papel juegan los gobiernos, las familias y las empresas en la configuración de la educación superior en América Latina?Una de las más recientes, plurales y analíticas respuestas a la enorme cantidad de preguntas y retos que plantea el fenómeno educativo, es el libro Estado de la educación superior en América Latina. El balance público-privado, editado por la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), el ITESO y la Biblioteca de la Educación Superior, y coordinado porJuan Carlos Silas, académico e investigador del ITESO.

En la obra se analizan particularmente los casos de Brasil, Chile, México y Uruguay, países con bajos porcentajes de ciudadanos con títulos universitarios (Brasil 10 por ciento, México 16 por ciento y Chile 13 por ciento, que contrastan con el 51 por ciento de Canadá, el 30 por ciento de España, el 59 por ciento de Alemania o el 40 por ciento de Estados Unidos). El libro puede comprarse en las librerías Gonvill y Porrúa o en el sitio dePublicaciones del ITESO.

En entrevista, Juan Carlos Silas comparte algunos datos y sus reflexiones en torno al tema que aborda la publicación, que fue presentada la pasada semana en el ITESO en el marco del Simposium de Educación.

¿Cuántas IES públicas y privadas hay en América Latina y cuántos alumnos están matriculados en unas y otras?

En México hay más de mil 500 universidades. Seguro en todo el continente estamos hablando de más de ocho mil. En instituciones privadas hay más de 10 millones de alumnos a nivel continental; es cerca del 48 por ciento del total de la matrícula.

En un fragmento del libro menciona que desde la mitad de los 80 las IES privadas son las “locomotoras” de la educación superior. ¿Por qué las comillas? ¿No lo son?

Sí, pero en los últimos años la matrícula privada está estancada por obvias razones (falta de dinero). La capacidad de pago y endeudamiento de las familias está estancada a nivel continental y nacional. En México la proporción privada se estancó en 32 o 33 por ciento desde hace como cinco años.

Las investigaciones en torno a la educación y el diseño de modelos educativos suelen centrarse en dos cuestiones: la equidad y la calidad. ¿En qué nivel se encuentran ambos conceptos en el actual panorama latinoamericano?

Bajo. La verdad es que los pobres no van a la universidad, eso quiere decir que la equidad está por los suelos. Desde la preparatoria ya hay problemas de equidad; primaria y secundaria tienen buena equidad, pero hasta ahí llega. La calidad es otro problema, especialmente porque hay que definir qué significa calidad y quién la define. Alguien puede decir qué significa inmersión laboral rápida, otros que responde a lo que establecen los organismos acreditadores, etcétera. En general, la calidad como medida de lo que la institución promete, es baja en casi todas las IES. Se promete mucho y se cumple poco.

¿Cuáles han sido los elementos y factores que han favorecido el posicionamiento de las universidades privadas frente a las públicas? ¿Se podría alcanzar un balance ideal entre ambos modelos?

Yo no hablaría de posicionamiento. Está posicionado el ITESO, la Uia, el ITAM, etcétera, pero más de mil IES son de bajo perfil. Funcionan porque son una opción conveniente, pero de menor prestigio. Lo que sí es claro es que las privadas son mucho más rápidas para responder a las necesidades de la gente y las empresas.  Ahora los estudiantes deben trabajar, buscar experiencias más rápidas y que los lleven más rápido a la seguridad laboral y económica que les da un puesto que requiere una carrera profesional. El balance se da por sí solo.

En la transformación que han tenido las universidades privadas dentro de la dinámica del mercado y su influencia política, económica y cultural (que antes la tenían mayoritariamente las del Estado), ¿qué papel juegan sus modelos educativos?

Es primordial. Las privadas deben tener un modelo educativo bien hecho y atractivo… Y cumplirlo. La educación superior es una industria como cualquier otra, y las instituciones que quieran participar deben tener consistencia en su modelo educativo, modelo curricular, en su operación.

¿Podría mencionar algunas de las consecuencias más importantes ya consolidadas –y algunas que se vislumbren en el futuro mediato–del incremento en la privatización de la educación superior?

Primero decir que, salvo Brasil y Chile, la educación superior en el resto de América Latina es mayoritariamente pública; hay países en los que las privadas no pintan gran cosa. Lo más relevante es que las privadas cumplen con una función social: las familias o los jóvenes pueden elegir la universidad que más les convenga. Existe una gran equivocación en la sociedad, hay quien todavía dice que las IES privadas viven de los que no pudieron entrar a las públicas –le llamamos “El mito del Plan B”–, y es cierto en algunos casos, pero hay muchísimos casos que nunca pensaron en entrar a la pública, es decir, la pública nunca fue el “Plan A”. No se puede decir que los alumnos “cayeron de rebote”; los alumnos buscaron a las privadas.

¿Qué le está haciendo falta a la educación superior para contribuir a que los países latinoamericanos se acerquen a las potencias mundiales y dejen de ser “emergentes”?

Creo que el tema del subdesarrollo es más complejo. Por ejemplo, si México quisiera, podría construir diez universidades por año (y habría demanda) y en 25 o 30 años tener el doble o más de los estudiantes y graduados que tiene ahora, pero… ¿A dónde se van a trabajar? Ya lo dijo un académico hace unos años: las IES hicieron su chamba, las empresas no, no han creado suficientes puestos de trabajo de nivel profesional. Y tenemos otro problema: en México todos queremos ser licenciados y tener oficina, y eso no se va a poder. Hay muchas otras actividades profesionales que no son de oficina, es decir, hay componentes económicos, sociales y culturales. Tal vez estos últimos sean los más difíciles de cambiar.
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