La carta que consiguió que un estudiante fuese aceptado en 8 universidades de élite

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Brown, Columbia, Cornell, Darmouth, Harvard, Yale, Princeton y la Universidad de Pensilvania. Estas son las ocho universidades de la Ivy League –el grupo de elitistas escuelas de educación superior que se encuentran en el noreste de Estados Unidos, la gran referencia de la educación americana– en las que un joven estudiante de 17 años, Kwasi Enin, ha sido admitido.

El pleno de este talentoso joven ha hecho historia, pues raramente (o, más bien, nunca) un mismo estudiante ha sido aceptado al mismo tiempo por los ocho centros, cuyas tasas de admisión son relativamente bajas. Como señalaba Reuters en el artículo en el que recogía la historia de Enin, de los 253.472 candidatos presentados en el último año, tan sólo 22.624 fueron aceptados, es decir, algo menos del 10% (un 8,925% según los datos proporcionados por el Washington Post).

“Creo que mi principal interés se encuentra en Yale”, manifestó el joven a la agencia el pasado martes, aunque tiene por delante todo el mes de abril para tomar su decisión final, que dependerá en un alto grado de las becas que le ofrezcan los diferentes centros.

“Pensaba que ser aceptado por las ocho universidades de la Ivy League era simplemente algo bueno para mí, pero ahora ha pasado a nivel nacional”, señaló el joven, que estudia en el instituto William Floyd de Nueva York y que eshijo de dos enfermeros. “Es una locura”.

Enin tiene muy claro lo que desea estudiar, siguiendo la tradición familiar: medicina. Sin embargo, no fue un ensayo sobre la salud o la vocación de ayudar a los demás lo que le ha hecho ser valorado por ocho de las universidades más importantes del mundo, sino un artículo sobre su otra pasión, la música.

El Washington Post ha publicado uno de los ensayos incluidos en la solicitud del estudiante, que además ha obtenido una puntuación de 2.250 en su examen SAT, ha formado parte del mejor 2% de su clase y ha cursado 11 cursos “advanced placement” (AP) que el sistema educativo estadounidense oferta a los estudiantes de instituto.

La música como inspiración matemática

“Una decisión equivocada puede ser el inicio o el final de un estilo de vida”. De esta manera arrancaba Enin su misiva, una fenomenal reflexión sobre la vocación y el poder de la música. La vida del joven habría cambiado radicalmente si se hubiese apuntado, tal y como valoró en un primer momento, en el curso Music of Our Lives, una decisión que lo habría dejado “vacío” al cumplir únicamente con los requisitos y las habilidades propugnadas por su estado natal.

El joven explica cómo la directora de la orquesta en la que tocaba el violín, la señora Brown, le ayudó durante el último decenio a desarrollar su talento musical más allá de dicho programa. “Ahora soy un violinista que ha tocado alegremente durante los últimos 9 años”, explicaba. “Es el primer curso en el que he sido autodidacta y el más largo en el que he formado parte”.

 

Enin señala que su capacidad para entender el mundo y resolver de manera creativa las dificultades que surgen emana, precisamente, de su formación musical y, en concreto, de “las infinitas posibilidades que ofrece la música”. El estudiante indica cómo, a medida que comenzó a explorar el mundo de las relaciones entre las notas, su mente “empezó a formular métodos alternativos para solucionar cualquier problema matemático, abordar cualquier apunte literario y descubrir una salida a una situación indeseable”.

De esa manera, lo que el futuro médico ponía de manifiesto no era únicamente su talento y su pasión por la música, sino que también establecía una relación entre el aprendizaje musical y la mejora personal. Si hay algo que probablemente llame la atención de un potencial seleccionador de estudiantes, eso es la capacidad de Enin para extraer de una experiencia aparentemente limitada –la educación musical– un gran número de enseñanzas sobre el mundo que le rodea.

Los líderes del futuro

“En última instancia, la música se ha convertido en el educador que me ha enseñado la importancia del liderazgo y la amistad”, reconocía en otro momento de la carta. Pero estas no eran las únicas lecciones que había aprendido: “Me ha enseñado la importancia del orden y el equilibrio”. Desde luego, no se puede negar que Enin goza de un gran talento ¿natural? que sería la envidia de muchos seleccionadores de personal. No sólo es capaz de tocar el violín, sino que además, ello le ha permitido solucionar los problemas de su día a día y, por si fuera poco, saber cómo ponerse al frente de una colectividad.

“Cuando llevo un grupo, sé lo fuerte que éste puede ser si cada miembro pone el 100% de su esfuerzo en dicha tarea”, explicaba el joven. “La cualidad más importante de un líder es crear armonía entre todos los miembros del grupo, lo que revela el máximo potencial del mismo”. El resultado es, precisamente, la clave del éxito.

“Con mejora y equilibrio llega el éxito, y la música me ha enseñado todas estas virtudes. Las relaciones que he hecho a lo largo de mi vida se han mantenido a través de las situaciones de estrés”, prosigue, esta vez, realizando una última loa a la amistad. “Estos poderosos lazos pudieron producirse porque mis amigos y yo luchamos contra la adversidad que se encuentra en las piezas de nivel más alto de la literatura musical”. De lo particular a lo general, y del colegio a los periódicos de medio planeta.

 

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